sábado, 26 de marzo de 2011

El budismo y el dinero

El dinero (la sangre) y el crecimiento económico (el cuerpo) constituyen un mito defectuoso porque no pueden proporcionar ninguna expiación de culpa – en términos budistas, ninguna resolución de la carencia. Nuestro nuevo santo o nuestros nuevos santos, el verdadero templo de la humanidad moderna, es la bolsa, y nuestro rito de culto es estar en comunión con el índice de Dow Jones. A cambio, recibimos el beso de los beneficios y la promesa de que habrá más, pero en esto no hay ninguna expiación. Evidentemente, en la medida que hemos perdido la creencia en el pecado, ya no vemos nada que expiar, lo que significa que acabamos por expiar inconscientemente de la única forma que sabemos, trabajando duro para adquirir todas aquellas cosas que la sociedad nos dice que son importantes y que nos harán felices. Luego no podemos comprender por qué no nos hacen felices, por qué no resuelven nuestro sentido de carencia. La razón sólo puede ser que todavía no tenemos suficiente. "Pero el hecho es que el animal humano está distintivamente caracterizado, como especie y desde el inicio, por el impulso de producir una plusvalía… Hay algo en la psique humana que obliga al hombre a no disfrutar, a trabajar." ¿Dónde vamos todos tan ávidamente? "Sin tener un objetivo real, la avidez, como bien dijo Aristóteles, no tiene límite." No a alguna parte sino desde algo, que es por lo que no puede haber un fin para ello mientras ese algo sea nuestra propia sombra de carencia. "En última instancia, las economías, arcaica y civilizada, están impulsadas por esa huída de la muerte que convierte la vida en una muerte-en-vida." O por esa huída del vacío que hace que la vida sea vacía: por una intuición de la nada que, si es reprimida, sólo profundiza mi sentido de que hay algo que va muy mal en mí.

Luego, en términos budistas, el dinero simboliza el llegar a ser-real, pero como nunca llegamos a ser reales, sólo hacemos que nuestro sentido de carencia sea más real. Acabamos en un aplazamiento infinito, puesto que esas fichas que hemos acumulado nunca podrán ser canjeadas. Cuando lo hacemos, se disipa la ilusión de que el dinero puede resolver la carencia; nos quedamos más vacíos y abrumados que antes, desprovistos de nuestra fantasía de escapar a la carencia. Inconscientemente, lo sospechamos y tememos; la única respuesta es huir más rápidamente en el futuro. Esto señala el defecto fundamental de cualquier sistema económico que requiere un crecimiento constante para sobrevivir: no está basado en necesidades sino en el miedo, ya que se alimenta de y alimenta nuestro sentido de carencia. Resumiendo, nuestra preocupación por manipular el símbolo más puro, que creemos que es el medio para resolver el problema de la vida, resulta ser un síntoma del problema.

Si esta crítica del complejo del dinero es válida, ¿cuál es la solución? Es la misma solución que la que el budismo siempre ha ofrecido: ninguna reparación rápida que pueda ser programada en nosotros, sino la transformación personal que sucede cuando hacemos el esfuerzo de seguir la vía budista, lo que significa aprender cómo dejarnos ir y morir. Una vez muertos, una vez que nos hemos convertido en nada y nos damos cuenta de que podemos ser cualquier cosa, vemos el dinero por lo que es: no una forma simbólica de hacernos reales para medirnos, sino un dispositivo socialmente constituido que expande nuestra libertad y nuestro poder. Entonces nos volvemos verdaderamente libres para determinar nuestra actitud frente a él, frente a obtenerlo y usarlo. Si estamos muertos, no hay nada malo en el dinero: no el dinero sino el amor por el dinero es la raíz del mal. Sin embargo, también sabemos que nuestra naturaleza esencial ni mejora ni empeora; así como ni viene ni va, de forma que no hay nada que obtener ni nada que perder. Para aquellas personas que no se sienten separadas del mundo – como otra cosa que el mundo – el valor del dinero se vincula estrechamente a su capacidad de ayudar a aliviar el sufrimiento. Los bodisatvas no están apegados a él, y por ello no le temen; así que saben lo que hacer con él.

El budismo y el dinero : la represión actual del vacío
por David R. Loy
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1 comentario:

Gloria dijo...

Con el dinero se pueden hacer muchas cosas....buenas. Cambiar de mentalidad seamos budista o no. Pensar que todo el mundo tiene los mismos derechos que nosotros, trabajar para tener una salario digno, no dejar el dinero en según que banco. Actitudes que hemos de mejorar cada uno de nosotros en la escala que nos sea posible. Me he puesto reivindicativa sino ahora cuando...