jueves, 21 de abril de 2011

Budismo, suicidio y eutanasia

Desde hace mucho tiempo Japón ha sido más consciente y sensible ante el proceso del morir que las culturas occidentales modernas. Más aún, Japón ya tiene su propio y excelente marco filosófico y experimental para enfrentar de manera efectiva "nuevos" temas de la bioética como la eutanasia. Los budistas japoneses reconocieron hace mucho tiempo lo que los occidentales están redescubriendo tan sólo recientemente: que la forma de morir, el momento preciso de la muerte, es muy importante. Esta premisa fundamental probablemente sea anterior al Budismo mismo, pero se hace muy explícita en las enseñanzas de Buda. En sus meditaciones, Buda observó que incluso la gente con buen karma alguna vez nació en situaciones adversas, y que incluso aquellos con mal karma alguna vez encontraron renacimientos inusualmente placenteros. Buda declaró que la variable crucial que gobierna el renacimiento es la naturaleza de la conciencia en el momento de la muerte. De allí que los budistas le concedieran una gran importancia al hecho de tener los pensamientos apropiados en el momento de la muerte. En dos obras del Canon Theravada, el Petavatthu y el Vimavatthu ("Historias de los difuntos"), se pueden encontrar muchos ejemplos de esta idea. Ciertamente, en muchos sütras los monjes visitan a los laicos en sus lechos de muerte para asegurar que sus pensamientos de moribundos sean saludables, y Buda recomienda que los seguidores laicos también se alienten entre sí en tales ocasiones  

El Budismo no ve la muerte como el fin de la vida, sino simplemente como una transición; el suicidio no es, por lo tanto, un escape de nada. Así, en el sangha (comunidad de los seguidores de Buda) inicial, el suicidio fue condenado en principio como una acción inapropiada. Pero los textos budistas tempranos incluyen muchos casos de suicidio que Buda mismo aceptó y perdonó. Por ejemplo, los suicidios de Vakkali y de Channa se cometieron a causa de enfermedades dolorosas e irreversibles. Es significativo, sin embargo, que la alabanza de Buda a los suicidas no se basa en el hecho de que éstos estuvieran en estados terminales, sino más bien en que sus mentes carecían de egoísmo y de deseos, y estaban iluminadas en el momento de la muerte.

Este tema queda en evidencia de manera más dramática en el ejemplo de Godhika. Este discípulo alcanzó repetidamente un nivel avanzado de samadhi, que lindaba con el parinirvâna, para luego deslizarse del estado de iluminación otra vez hacia la conciencia normal. Después de que esto pasó seis veces, Godhika juró pasar al próximo reino mientras estuviera iluminado, y tranquilamente se suicidó durante su siguiente periodo de iluminación. Aunque advirtiendo a sus otros discípulos contra el suicidio, Buda, sin embargo, bendijo y alabó la rectitud de mente y de propósito de Godhika, y declaró que éste había entrado en el nirvana. En suma, la aceptación del suicidio, incluso en la comunidad budista inicial, dependía no sólo de una enfermedad terminal, sino del estado de ecuanimidad desinteresada con el cual alguien era capaz de morir. Es interesante señalar que todos estos suicidios se realizaron porque el sujeto se clavó un cuchillo, una técnica que se volvería común en el suicidio ritual japonés posterior.

Cuando se le preguntó acerca de la moralidad de cometer suicidio para pasar al siguiente mundo, Buda no criticó esta práctica. Él hizo énfasis en que sólo una mente sin deseo podría ser capaz de ingresar en el nirvana y que, por el contrario, las mentes que desean liberarse o huir de algo mediante su muerte podrían no lograr nada. Asimismo, hay historias en los cuentos Jâtaka en las que Buda da su cuerpo (en vidas anteriores) para salvar a otros seres, tanto animales como humanos. Así, la muerte por compasión hacia otros también es alabada en las escrituras. También es sabido que en la tradición jaina se esperaba que los santos ayunaran hasta su muerte, y a partir de allí han existido algunos que han seguido esa tradición, tanto en China como en Japón.

En China se cree que un discípulo del Zendó saltó de un árbol para matarse y alcanzar la Tierra Pura. La reacción del Zendó no fue expresar que la acción del suicidio había sido correcta o errónea en sí, sino que un discípulo que quería tan fuertemente ver la Tierra Pura, está indudablemente listo para alcanzarla. Encontramos otros ejemplos más recientes en los suicidios budistas de los monjes vietnamitas que protestaban contra el gobierno de Vietnam. Aquí lo importante no es si estos relatos son todos ellos hechos históricos o no, sino que demuestran la posición consistente del Budismo frente al suicidio: no hay nada intrínsecamente erróneo en quitarse la propia vida, si no se hace con odio,furia o miedo. El asunto principal es la ecuanimidad o el estado de preparación de la mente.

En resumen, el Budismo se da cuenta de que la muerte no es el fin de nada, sino una transición. El Budismo ha reconocido desde hace mucho tiempo los derechos de las personas a determinar cuándo deberían pasar de esta existencia a la siguiente. La consideración importante aquí no es si el cuerpo vive o muere, sino si la mente puede permanecer en paz y armonía consigo misma. La tradición Jodo (la Tierra Pura) tiende a hacer énfasis en la continuidad de la vida, mientras que la tradición Zen tiende a subrayar la importancia del momento y la manera de morir. Ambas ideas están profundamente arraigadas en la conciencia japonesa.


Suicidio religioso y muerte con dignidad en Japón

Los budistas japoneses demostraron una despreocupación por la muerte incluso mayor que sus vecinos. Los japoneses valoraban la paz de la mente y el honor de la vida por encima de una larga vida. Mientras que los samurais solían cometer suicidio en el campo de bataIla o en la corte a fin de preservar su dignidad en la muerte, muchísimas personas del pueblo escogían suicidarse a fin de obtener una vida futura mejor en la Tierra Pura. En algunas ocasiones, masas enteras se suicidaban al mismo tiempo. En otras, como en la situación descrita en la famosa película Barba Roja de Kurosawa, una familia abatida por la pobreza se suicida con el fin de escapar del sufrimiento insoportable en esta vida y para encontrar una vida mejor en el mundo por venir. Con recuencia los padres mataban a los hijos primero y luego se mataban eIlos; este tipo de shinjü todavía se puede ver en el Japón actual. Nuestro asunto de hoy es: ¿cómo valora el Budismo ese suicidio hecho para obtener el renacimiento celestial?

A nivel popular, el deseo de "dejar este sucio mundo y acercarse a la Tierra Pura" (Enri edo, gongu jôdo) fue fomentado por monjes vagabundos itinerantes como Küya en el periodo de Heian, e Ippen, en el periodo Kamakura La tradición de suicidarse entrando en un río o en la playa mirando hacia el este comenzó aparentemente el el área de Kumano, pero se extendió muy rápidamente por todo el país junto con la fe en la Tierra Pura sobre la cual se basaba. La tradición común consistía en que la persona entraba al agua con una cuerda atada en la cintura cuerda que era sostenida por los propios servidores o por el caballo.En caso de que los nervios y la resolución firme fallaran, entonces la persona no sería capaz de alcanzar el renacimiento de la Tierra Pura tal como lo deseaba. En ese caso o bien el suicida mismo salía, o bien sus servidores (juzgar por su semblante) podían sacarlo del agua y salvarlo de morir con pensamientos inapropiados. Sin embargo, si el suicida conservaba una mente pacífica e imperturbable durante el ahogamiento, los servidores debían dejarlo morir en paz y simplemente conservar el cuerpo para fines funerarios. Tal situación demuestra claramente que lo que está en juego aquí no.es el derecho del individuo a morir, sino más bien su capacidad para morir con paz en la mente. Si la muerte con una mente calmada es posible entonces no se la condena.

Un ejemplo paradigmático de esta situación podemos encontrarlo en los anales del Santo Ippen. Ajisaka Nyüdo, aspirante a la Tierra Pura, posiblemente de una ascendencia noble, dejó su casa y su familia para seguir las enseñanzas del Santo Ippen. Por razones que no están claras, Ippel se negó a admitirlo en su grupo de mendigos itinerantes pero le advirtió que la única manera de entrar en la Tierra Pura era morir manteniendo en su mente el Nembutsu (el nombre y la figura de Amida). Nyüdo entonces se suicidó ahogándose en el río Fuji.

La escena ha sido vivamente representada en las pintura de rollos.En ellas, se ve a Ajisaka con una cuerda alrededor de la cintura mientras sus asistentes, que están en la orilla, sostienen el extremo de la cuerda. Mientras él es agitado por la corriente se ve cómo conserva perfectamente la posición gassho, en paz y en oración. Desde las nubes violetas que están sobre Ajisaka se escucha música, lo cual es un signo común de Ojo, o el renacimiento en la Tierra Pura.

Cuando Ippen oyó acerca de este suicidio, alabó la fe de Ajisaka interpretando que las nubes púrpuras y la conducta imperturbable de Ajisaka eran prueba de que éste había alcanzado el renacimiento en la Tierra Pura. Cuando el mismo Ippen murió, seis de sus discípulos también se suicidaron como expresión de su simpatía, en la esperanza de acompañar a su maestro a la Tierra Pura. Esto ocasionó algunos debates acerca de la conveniencia del "suicidio simpatético". Shinkyô, discípulo de Ippen y segundo patriarca de la escuela Ji, declaró que los discípulos que se habían suicidado no habían logrado obtener el renacimiento en la Tierra Pura, pues se veía su acción como "individualista". La fe en la Tierra Pura descansa por entero en el poder y la voluntad del Buda Amida. Afirmar la propia voluntad va en contra de la confianza en otro poder, que exige la fe en Amida.

De estos ejemplos se pueden aprender varios puntos importantes. Primero, el suicidio nunca se condena per se. Es más bien el estado de la mente lo que determina lo legítimo o lo erróneo de la situación suicida. La línea divisoria entre escoger el propio tiempo y lugar de la muerte teniendo una paz mental perfectamente asegurada y decidir por voluntad propia la propia muerte en el momento de la muerte del maestro, es quizás muy tenue e imprecisa,pero esto no debería oscurecer los criterios que están implícitos: la muerte inspirada en algún deseo no conduce al renacimiento en la Tierra Pura, pero la muerte con una tranquila firmeza sí lo hace. Incluso el método del suicidio en el agua, usando una cuerda como un respaldo preventivo, enfatiza· la importancia del estado mental en una acción como ésta.

En segundo lugar, la famosa frase de Ajisaka "nagari o ashimuna" significa que los budistas no deben matarse por "simpatía" cuando otros mueren. Una traducción literal sería que no debemos aferrarnos a lo que queda del nombre o de la persona, sino que debemos permitir al que ha muerto que se vaya en total libertad hacia el otro mundo.

Dicho en otras palabras, cuando alguien muere con un estado firme de mente, a los que quedan no les corresponde criticar eso o desear que la persona no hubiera muerto en esa situación. Los que quedan deben respetarlo y no resentirse, rechazar ni lamentar una muerte que a ellos podría parecerles prematura. (...)

Sokushinbutsu : Momificación en vida

"Los Sokushinbutsu (literalmente, "Consecución de la budeidad en vida") fueron monjes budistas de la forma del Budismo Shugendô quienes, de forma diseminada en el Norte de Japón (principalmente la provincia de Yamagata) durante el siglo XV ocasionaron sus propias muertes de una forma tal, que sus cadáveres se conservaran momificados y así consiguieran el estado de Iluminación, convirtiéndose en Budas. A pesar de que fueron cientos los monjes que intentaron auto-momificarse, solo entre 16-24 han sido descubiertos hasta la fecha. Vale decir que la técnica está extinta en el mundo actualmente y que ningún monasterio o grupo budista la práctica en la actualidad.

Por un período de entre 1.000 (a veces hasta 3.000 días), estos monjes se sometían a un muy estricto régimen de entrenamiento físico y dieta consistente únicamente en almendras y semillas. Todo esto era para deshacerse de su grasa corporal. Luego, por otros 1.000 días tomaban un té venenoso elaborado a partir del árbol Urushi. El veneno tenía el efecto de matar a los gusanos que habitaban el cuerpo y envenaban de forma gradual el cuerpo haciendo que, incluso tras la muerte, los gusanos no corrompieran el cuerpo. Además, el veneno provocaba vómitos y un descenso de los fluidos corporales. Para terminar el proceso, el monje se colocaba en una tumba solo un poco más grande que su cuerpo, entonaría cantos y no se movería de la posición del loto hasta su muerte. Sus únicas conexiones con el mundo exterior eran una campana y un  conducto de aire. Cada día, si la campana sonaba, el monje indicaba que aun vivía. El día que la campana dejaba de sonar se retiraba el conducto de aire y la cripta era sellada. Los monjes esperaban 1000 días más, y tras ellos, abrían la tumba para ver si la momificación había sido exitosa. Si el cuerpo se había corrompido, el monje era enterrado con honores especiales. Pero si la momificación había sido exitosa, era colocado en un templo y considerado un Buda."  
Fuente Wikipedia

Budismo y Eutanasia

No es por mera coincidencia que la palabra para eutanasia en japonés sea anrakushi, un término con un significado budista. En la terminología budista, anrakukaku es otro nombre para la Tierra Pura, el mundo del Bodhisattva Amida, al que esperan ir los japoneses después de la muerte. El famoso libro Takasebune de Mari Ógai -un escritor de novelas históricas, médico educado en Alemania trata específicamente del anrakushi. Se trata de la historia de Yoshisuke, que mata a su hermano menor enfermo, quien quiere morir pero carece de la fuerza para matarse.

Muchos famosos autores japoneses del siglo xx escribieron sobre el suicidio y algunos, como Akutagawa, Dazai, Kawabata y Mishima, realmente se suicidaron. A raíz de la muerte de cada emperador (Meiji, Taishô y el año pasado,Showa), algunos fieles seguidores también cometieron suicidio por simpatía hacia sus desaparecidos jefes. Si bien algunos de estos suicidios no son budistas (pues revelan furia, pesimismo, nihilismo y otros sentimientos parecidos), siguen siendo una prueba de que la concepción budista del mundo no condena el suicidio.

La ley japonesa no penaliza el suicidio, y la ley europea está empezando lentamente a seguir el modelo japonés en este sentido. Sin embargo, la ley japonesa considera un crimen asistir a un suicidio o alentarlo. En situaciones normales, no puede haber nada más sabio y prudente que esto, pues la gente saludable debería ser alentada a vivir y hacer lo más posible con sus vidas. Pero en las situaciones donde se exige songenshi (muerte-con-dignidad), el hecho de que la persona esté enfrentando una muerte inminente es lo que hace que sea moralmente aceptable asistirla en su suicidio, en particular si el motivo es la compasión. (...)

Hay japoneses que sostienen que el pueblo japonés carece de la capacidad de tomar decisiones independientes de los occidentales y que, por lo tanto, los doctores deberían tomar las decisiones por sus pacientes. Ésta es una lógica equivocada. La razón por la cual los pacientes no pueden hacer buenos juicios independientes es porque los médicos les niegan la información y la libertad para hacerlo y no porque carezcan de las capacidades mentales o de las características personales para hacer juicios. El Budismo siempre ha reconocido la importancia de la decisión individual, no obstante las presiones sociales; los ejemplos van desde Buda mismo hasta Kükai, Hanen, Shinran y Nagamatsu Nissen. La capacidad de los japoneses para asumir una responsabilidad personal frente a decisiones importantes en tiempos de tensión, peligro o angustia, se ha mostrado repetidas veces en los ejemplos históricos de esos audaces reformadores budistas.

A fin de que el paciente pueda tomar una decisión inteligente acerca de cuándo y cómo desea morir, necesita conocer los hechos acerca de la naturaleza de su enfermedad, no sólo el nombre real de ésta, sino las perspectivas realistas y las posibles consecuencias de todas las formas disponibles de tratamiento. Esto significa renunciar al modelo paternalista que sustenta la medicina japonesa actual y otorgarle al paciente la libertad sustancial de decidir su propio caso.

Algunos médicos japoneses han planteado que:

1) los pacientes realmente no quieren recibir malas noticias acerca de sí mismos;
2) que saber la verdad podría empeorar su condición, y
3) que los médicos pueden juzgar con más inteligencia que los pacientes.

Sin embargo, estudios realizados en Occidente revelan que nada de esto es cierto. Tal como señala Bok, "la actitud de que lo que no sabe (el paciente) no le hará daño, se está revelando como no realista: más bien es lo que los pacientes no saben y sospechan vagamente lo que les origina una preocupación corrosiva (destructiva)". La gente se recupera más pronto de la cirugía y tolera el dolor con menos medicamentos cuando comprende sus propios problemas médicos y lo que se puede hacer y lo que no acerca de ellos. En todo caso, el ocultamiento de información al paciente por parte del médico no se basa en pruebas estadísticas o principios éticos, sino en el deseo del médico de mantener el control sobre los pacientes. Ésta es una situación a la que se oponen naturalmente los budistas de pensamiento claro. No hay razón para creer que estos hallazgos, conocidos y sustentados por la medicina occidental desde hace mucho tiempo, pudieran resultar diferentes para los japoneses.

Hoy en día persiste una pregunta importante para los budistas: ¿cuáles son las diferencias, si es que las hay, entre el suicidio y la eutanasia? Obviamente, una diferencia sustancial es la de si la persona que recibe la eutanasia está inconsciente. En este caso, salvo que él o ella hayan hecho previamente una declaración de sus deseos mientras su voluntad permanecía viva, no tenemos forma de saber si el paciente quiere genuinamente la eutanasia.

Por otra parte, una vez que la conciencia se ha disociado permanentemente del cuerpo, el Budismo no ve la razón de seguir nutriendo o estimulando el cuerpo, pues un cuerpo privado de sus skandhas no es una persona. La Songenshi Kyokai de Japón (Asociación para la Muerte con-Dignidad) ha hecho mucho por mejorar la capacidad del hombre japonés para escoger el tiempo y la forma de morir.

Otro tema es el de la relación entre las drogas que suprimen el dolor, con la prolongación de la vida y la aceleración de la muerte misma. La Songenshi Kyokai de Japón propone la administración de las drogas que aniquilan el dolor, incluso si éstas aceleran la muerte del paciente. Los budistas estarían de acuerdo en que el alivio del dolor es deseable y en que el asunto principal no es si la muerte se acelera o no. Sin embargo, consideremos un caso en que el dolor sea extremo y sólo drogas muy fuertes podrían suprimir el dolor. Aquí habría que escoger entre:

a) no realizar ningún tratamiento,
b) administrar drogas contra el dolor que sólo enturbian o confunden la mente del paciente, y
c) aplicar un tratamiento que acelere el fin manteniendo la mente clara.

En tal situación, el budista preferiría primero la vía más natural, la primera: no realizar ningún tratamiento. Pero si la mente del paciente fuera incapaz de concentrarse o de estar en paz a causa del gran dolor, el budista escogería e antes que b, porque la claridad de conciencia en el momento de la muerte es muy importante para el Budismo.

Los médicos a quienes no. les gusta la idea de cortar la vida de una persona preferirían prolongar los procesos materiales de la vida, sin preocuparse por la calidad mental de esa vida. Es aquí donde los budistas están en desacuerdo con la medicina occidental materialista. Pero no es necesario que exista conflicto entre el Budismo y la medicina. No hay razón para atribuir al médico la "responsabilidad" de la muerte del paciente. Según los lineamientos de la Corte Suprema de Nagoya, los pacientes potencialmente elegibles para la eutanasia de todas maneras van a morir muy pronto, así que el médico no tiene culpa alguna. El paciente, por su parte, tiene el derecho de determinar su propia muerte. El que éste se encuentre demasiado débil como para tomar una espada o para cortar en seco su vida no es moralmente significativo; si su mente está clara, tranquila y lista para la muerte,entonces aquel que comprende y asiste compasivamente a esa persona también está siguiendo la moralidad budista.

En resumen, lo que importa a los budistas es si se le concederá o no a la persona la responsabilidad por su propia vida y destino. Toda la tradición budista, y en particular la del suicidio dentro de Japón, plantea que la decisión personal en lo que respecta al tiempo y a la forma de morir es de extrema importancia, y todo lo que hagan los otros para oscurecer la mente del que está muriendo o para despojarlo de tal elección constituye una violación de los principios budistas. Los budistas japoneses pueden respetar esta decisión más que las culturas occidentales y conducir la bioética humanitaria en una perspectiva diferente hacia la muerte dignificada.

Carl B. Becker
El presente texto es la traducción al español del artículo  "Buddhist Views of suicide and euthanasia", publicado en Philosophy Eost and Wert, vol.XL, núm. 4, octubre, 1990

Fuente: Revista de estudios Budistas n 4 

8 comentarios:

Siddharta dijo...

Molt interessant! No sabia res de tot això. Gràcies.

ane dijo...

Cuando mi amigo Jorge León decidió terminar con su dificilísima vida, me pidió ayuda. Se lo negué. Encontró en la red la mano que necesitaba. Acabó con su vida. Éste era su blog:

http://destiladospentaplejicos.blogspot.com/

Probablemente si hubiera leído esta entrada habría hecho otra cosa (yo). Si hubiera comprendido, entonces, un poco más la tradición zen, yo habría hecho otra cosa. No es que me arrepienta, en aquel momento hice lo que supe. Desde que publicásteis esta entrada la veo una y otra vez. Es importante.

bss, Comando y gracias por este punto de vista. Hace tiempo que quería decíroslo.

Xaro La dijo...

Hay un principio que dice, "No atentar contra la propia vida ni la de los demás"...Otra cosa es que sea por altruismo, pero creo que nadie tendría que quitar ni un sólo segundo de vida a otro ser.
Muy interesante la entrada Comando
Gracias.

Luisa Mireya Elgueta dijo...

Me pareció excelente la entrada Comando. Es un tema que siempre me ha preocupado éticamente. Ahora se reafirma en mí que lo más importante es el estado mental en el que se inicia nuestro Tránsito.Además, la preparación para este momento es algo que vamos construyendo cotidianamente.Por lo tanto es algo valioso y digno de ser respetado.

Anónimo dijo...

en primer lugar hablar de afuera es simple ,pero estar ahi donde esta la persona padeciendo ese es el punto ,el unico que tiene derecho y sabe es el que esta sufriendo ,los demas son de palo absoluta y totalmente ,estas en todo tu derecho de sacarte la vida si la estas padeciendo ,opinar de afuera esta a la altura infantil de un niño fantaciando con milagros

Vagas dijo...

Hola, me parece muy interesante el texto, ando buscando el nombre del acto de cuando el monje se pega unos papeles en la cara con algunas palabras. como el que viene en la primera imagen de la entrada.
Còmo se le llama a ese acto?

Anónimo dijo...

Les sugiero que hagan una visita a un hospital en el area de desahuciados, esto les cambiará el panorama de lo escrito en este Blog, y espero que nunca pasen por una situación como la mía (actualmete) en la que mi padre esta sufriendo, entubado, pocas veces conciente y lo único que esperamos es que algo suceda, donde aparentemente la ciencia humana no ha podido mejorar...solamente viviendo esta situación se piensa en todo lo relacionado a este blog...

Anónimo dijo...

Es muy diferente suicidarse a tener una muerte digna...