domingo, 1 de mayo de 2011

Poetas de la Dinastía T'ang

Los casi trescientos años (618-907) que duró la dinastía T'ang constituyen el Siglo de Oro de la poesía china. En verdad, la poesía que dió tal esplendor a la época T'ang no fue la poesía que podría denominarse "confucionista", sino la lírica taoísta y también la del budismo, particularmente Dhyana o Ch'an, que es parangonable - y equivalente en su esencia - a la del taoísmo, como prueba el hecho de que varios de los poetas mayores de la época pasaron de uno a otro y de una lírica a otra, por decirlo así, sin ningún problema formal ni substancial.

El contenido contemplativo de esta poesía se sugiere por la elipsis del pronombre personal. El sujeto se anula, sobreentendido, mostrando una comunión cósmica, de identidad entre el ser humano y cuanto lo rodea. Todo, en esta poesía, es sujeto y nada lo es, porque el sujeto es omnipresente.

El sujeto temático es la unidad dinámica de Cielo- Hombre-Tierra, el viaje espiritual, la sagrada naturaleza. Vida y muerte, dolor y amor, separación y unión, nos remiten sin cesar a lo inmutable.

WANG WEI
Wang Wei (699-759 ) Uno de los artistas más dotados de la época T'ang. Fue poeta, pintor, calígrafo y músico altamente distinguido. En pintura fue uno de los creadores del estilo llamado "Poh-muo hua" o sea "tinta salpicada", que se transformó en el favorito de los adeptos tanto Ch'an como taoístas. Se graduó como Chin-shih en el año 721, a los 19 años, y el Emperador Hsüan-tsung lo nombró secretario de Estado.

Fue un adepto del Budismo Ch'an, y tanto su poesía como su pintura revelan el alto desarrollo de su visión interior. Pasó su vejez escribiendo poesía y pintando en compañía de sus amigos en su villa situada en Wang Ch'uan, a los pies del Monte Chung-nan. Su Tung-po decía de él, que era capaz de evocar todo un paisaje en una sola línea de cinco caracteres.

No se ve gente en este monte,
sólo se oyen, lejos, voces.
Bosque profundo. Luz poniente:
alumbra el musgo y, verde, asciende.

Mi otoño: entro en la calma,
Lejos el mundo y sus peleas.
No más afán que regresar,
desaprender entre los árboles.

El viento del pinar abre mi capa,
Mi flauta saluda a la luna serrana.
Preguntas, ¿qué leyes rigen "éxito" y "fracaso"?
Cantos de pescadores flotan en la ensenada.


LI PO
Li Bai (701-762) fue un poeta chino considerado el mayor poeta romántico de la dinastía Tang. Conocido como el poeta inmortal, se encuentra entre los más respetados poetas de la historia de la literatura china. Aproximadamente mil poemas suyos subsisten en la actualidad. Li Bai es mejor conocido por su imaginación extravagante y las imágenes taoístas vertidas en su poesía, a la vez que por su gran amor a la bebida. Al igual que Du Fu, Li Bai pasó gran parte de su vida viajando, situación que se pudo permitir gracias a su relajada situación económica.

Se dice que se murió ahogado en el río Yangzi, habiendo caído de su bote al intentar abrazar el reflejo de la luna, estando bajo los efectos del alcohol.

Al atardecer, junto a tu ventana
suspira el viento en los pinos.
Al detenerme allá me siento
pleno de paz y tranquilidad.
La escena y el sonido aguzan
el ojo y el oído;
aunque no hay
huésped ni anfitrión.

He captado el significado
de tu filosofía.
Cuando el éxtasis se hubo extinguido
descendí de la montaña.
¿Para qué habría de aguardar tu llegada?

HAN SHAN
Han Shan, un monje dotado de una divina y peculiar “locura”, es considerado uno de los monjes que llegó a un mayor grado de realización de la budeidad, pertenece a una categoría de seres iluminados denominados “budas sonrientes” por su espontánea y continua risa y alegría, estado natural y primordial del ser humano.

Sabemos poco de la vida de Han Shan, de hecho toda su obra consiste en una colección de unos 300 poemas que escribió en la Montaña Fria, donde vagabundeó junto a su amigo Shih teh y de la que adopta su nombre (Han Shan, significa Montaña Fria en chino)

La Montaña fría (Han Shan) no es nada más que nubes
apartado y libre del polvo
un ermitaño que solo tiene un cojín de paja
la luna es su única lámpara
su cama de piedra sobre un lago
sus vecinos son tigres y ciervos
Prefiriendo las alegrías de la soledad
él permanece como un hombre más allá de la forma.

Relajándose bajo el Acantilado Frío
las sorpresas son muy especiales
tomando un cesto para recoger plantas salvajes
devolviéndolo cargado con fruta
esparciendo césped fresco para una comida simple
mordisqueando hongos mágicos
enjuagando mi cucharón y mi plato en un estanque
haciendo un estofado de las sobras
sentándose solo envuelto en una túnica
leyendo los poemas de los antiguos.

1 comentario:

Gloria dijo...

To kai me ha gustado mucho, eres un crac.