sábado, 7 de mayo de 2011

Y fue como si un enorme peso cayera de sus espaldas…

Entre los excéntricos taoístas más famosos de todos los tiempos destacan los «Siete Sabios del bosquecillo de bambú», que vivieron en el siglo III d. de C., en una época en que los charlatanes corrompían el Tao a fin de establecer una iglesia organizada que pudiera competir con el budismo. Estos sabios originaron la escuela taoísta de la «Conversación Pura» (ching-tan), y su propósito era retornar al taoísmo filosófico puro de Lao Tze y Chuang Tze. También creían que los taoístas debían vivir en el mundo de las personas, no como ermitaños aislados del mundo en las cuevas de la montaña. Se reunían habitualmente en un bosquecillo de bambú próximo a la residencia del poeta Chi Kang (223-262), en Honan. Tras una tarde de «pura conversación», se dirigían a alguna taberna cercana para dedicar la noche a la bebida, sin detenerse hasta quedar todos ebrios y en comunión con el Tao. Todos ellos eran hombres de gran talento que se burlaban de los convencionalismos sociales y preferían dedicar su genio al Tao, y, al igual que otros taoístas de todas las épocas, tenían la reputación de ser unos bebedores prodigiosos. El célebre poeta y bebedor Liu Ling (221-300), por ejemplo, escribió todas sus obras bajo la influencia y en loor del vino. Allí donde iba, lo seguía un sirviente con una jarra de vino en una mano y una pala en la otra, preparado para cavar su tumba en el acto si caía muerto en plena farra.

"El oro proviene de la mena y el jade de la piedra. Si no fuera por la ilusión, no habría modo de buscar la realidad. La Vía se encuentra en el vino, y los inmortales entre las flores. Aunque sea uno refinado, no se puede abandonar el mundo de lo ordinario.
La miríada de seres del cielo y de la tierra, el sinnúmero de sentimientos de las relaciones humanas, la infinidad de asuntos del mundo: cuando los consideras con el ojo ordinario, cada uno es diferente, pero cuando los consideras con el ojo de la Vía, todos son normales, ¿Por qué preocuparse en discriminar? ¿Para qué sirve aferrarse o rechazar?"

Huanchu Daoren

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