martes, 12 de julio de 2011

las últimas palabras de budha


Mientras que estaba acostado entre los árboles del bosque de Sala en Kusinagara, el Budha se dirigió por última vez a sus discípulos, insistiendo otra vez sobre la importancia del Dharma. Quería que el Dharma fuera el maestro de sus discípulos y no una persona.
Les dijo:
Sed vosotros mismos vuestra lámpara, sed vosotros mismos vuestro recurso, no dependáis de nadie. Que mi enseñanza sea vuestra lámpara, que sea vuestro recurso, no dependáis de otra enseñanza.

Mirad vuestro cuerpo y observad hasta que punto es impuro. Sabiendo que el placer y el dolor del cuerpo son igualmente causa de sufrimiento, ¿cómo podéis haceros ilusiones sobre ella y alimentar el orgullo y el egoísmo si sabéis que estos sentimientos os conducirán inevitablemente al sufrimiento? Observad todas las cosas, ¿podéis encontrar en ellas algo que sea duradero? ¿son algo más que conglomerados que, antes o después, se romperán y quedarán dispersos? No tengáis miedo al constatar la universalidad del sufrimiento, seguid mi enseñanza, incluso tras mi muerte. Así os libraréis de la pena. Si hacéis esto seréis de verdad mis discípulos.

Discípulos, no tenéis que olvidar nunca las enseñanzas que os he dado ni dejar que se pierdan. Tienen que conservarse siempre, ser estudiadas, practicadas. Si seguís mis enseñanzas, siempre seréis felices.
Lo importante en mi enseñanza es que controléis vuestra mente. Abandonad la avidez y mantened vuestro cuerpo erguido, vuestro espíritu puro y vuestras palabras sinceras. Si os acordáis continuamente del carácter pasajero de vuestra vida, seréis capaces de poner fin a la avidez y a la cólera, y evitar el mal.

Si os dais cuenta de que a vuestra mente le tienta o enreda la avidez, habéis de suprimir la avidez y controlar la tentación. Sed dueños de vuestra mente.

La mente hace de un hombre un Budha o un animal. Equivocado por el error, se convierte en un demonio, despierto, se convierte en un Budha. Por consiguiente, controlad vuestra mente y no la dejéis separarse del Noble Camino.

De acuerdo a mi enseñanza, respetaros los unos a los otros y evitad las disputas. No hagáis como el agua y el aceite que se rechazan mutuamente; haced como el agua y la leche que pueden mezclarse perfectamente.
Estudiad juntos, enseñad juntos, practicad juntos. No malgastéis la mente ni el tiempo en inactividad ni en querellas. Gozad de las flores del despertar en su estación y recoged el fruto del Camino Recto.

Tuve la idea de las enseñanzas que os he dado siguiendo yo el mismo camino. Tenéis que seguir estas enseñanzas y plegaros a ellas en toda circunstancia. Si las descuidáis es que no  me habéis encontrado de verdad, es que en realidad estáis lejos de mí, aceptáis y practicáis mis enseñanzas, aunque estuvierais en la otra punta del mundo, estáis totalmente junto a mí.

Discípulos, se acerca mi fin, nuestra separación no puede tardar. Sin embargo, no os lamentéis. La vida es un continuo cambio y nada escapa a la disolución del cuerpo. Os lo voy a mostrar ahora con mi propia muerte, con mi cuerpo que se deshace como una carreta en ruinas. No os lamentéis en vano, más bien maravillaos por esta ley del devenir y daos cuenta de hasta que punto está vacía la vida humana. No alimenteis el deseo absurdo de querer que permanezca lo que es transitorio.

El demonio de los deseos mundanos siempre busca el modo de engañar a la mente. Si una víbora vive en vuestra habitación, sólo podréis dormir tranquilos después de haberla echado. Tenéis que romper los lazos de los deseos mundanos y echarlos como haríais con una víbora. Tenéis que proteger en serio vuestro espíritu.

Discípulos , ha llegado mi último momento, pero no olvidéis que la muerte es sólo la disolución del cuerpo físico. El cuerpo ha nacido de los padres, ha crecido gracias al alimento, para él son inevitables la enfermedad y la muerte.

El verdadero Budha no es un cuerpo humano. Es el despertar. Un cuerpo humano ha de desaparecer, pero la sabiduría del despertar permanece eternamente en la verdad del Dharma. El que sólo ve mi cuerpo no me ve de verdad. Sólo el que acepta mi enseñanza me ve de verdad.

Después de mi muerte el Dharma será vuestro maestro. Seguid el Dharma y así seréis fieles a mí. Durante  los cuarenta y cinco últimos años de mi vida no he mantenido en secreto nada de mi enseñanza. No hay enseñanza secreta, ni sentido secreto.

Todo ha sido enseñado abiertamente y claramente.

Mis querido discípulos, ahora es el fin. En un instante alcanzaré el nirvana. Estas son mis últimas instrucciones.

Extracto de "La enseñanza de Budha", BUKKYO DENDO KYOKAI, TOKIO.

1 comentario:

Antonio dijo...

Muchas gracias por este texto,
conocía extractos de lo que publcias, pero no me imaginaba que toda esta enseñanza estaba contenida
en Las últimas palabras de Buda.

Antonio