martes, 30 de agosto de 2011

el sitio reservado en casa


(Poema sobre cuando empecé a practicar)

Las agujas del tiempo corrían veloces
entre cascotes vacíos de cerveza
y libros cada día más amarillentos.

Avalokitesvara aguardaba como siempre
en un viejo escritorio de una hermosa libreta
y en algun lugar del corazón,
sin que encontrara la puerta.

Los antiguos maestros, esos viejos budas,
aguardaban, día tras día, en el estante
hecho a mano, de un ruinoso piso,
donde el dolor de lo irremediable
se arremolinaba en el pasillo

¿Cuándo se acaba la juventud
y en su lugar se instalan
las sombras de los gestos
y las cenizas del pensamiento?

En la selva hierática de la ciudad,
sin sendas marcadas
sin estrellas
para las oxidadas brújulas,
se tendieron puentes hacia el corazón
y se golpeó la puerta
con nudillos invisibles.

Los antiguos maestros resonaron sus campanitas,
Avalokitesvara escapó del verso
y borró para siempre los escritos.

Aquí es donde jugamos
nuestros viejos juegos, y los nuevos que descubrimos
es siempre lo mismo,
somos lo que somos,
sin asustarnos del ruido.

Anna Lopez.

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