domingo, 14 de agosto de 2011

feliz, magnánimo, abierto



"Ya seáis jefe de templo, monje antiguo, responsable encargado de alguna función, o simple monje común, no olvidéis jamás vivir con alegría, teniendo el amor profundo de los padres y expresándoos en todas vuestras actividades con un espíritu sin prejuicios".

Con esta frase acaba Dogen el Tenzo Kiokun. En esta obra dedicada a la enseñanza del tenzo, cocinero, y de como hay que actuar en la cocina y en la vida cotidiana, Dogen habla de los tres espíritus que nacen de la práctica. Kishin, el espíritu alegre, feliz. Roshin, el espíritu magnánimo, el espíritu de los padres respecto a sus hijos. Daishin, el espíritu amplio, sin trabas, sin prejuicios, abierto.
Todo el mundo parece entender de que habla. Son aspiraciones que cualquier persona puede comprender. Pero realizarlas ya es más difícil.¿Cómo hacer real nuestro espíritu natural? ¿cómo actuar?, Estos res espíritus no son una meta, sino más bien una referencia. Son la consecuencia natural de la práctica. Aunque podamos entenderlos con nuestro razonamiento, vivirlos es más difícil. La práctica es importante. En el Zen se dice: "La práctica no tiene comienzo; el satori no tiene final. Práctica y satori están en unidad."
Cualquier persona entiende que la práctica es importante en todos los ámbitos de  nuestra vida. Sin embargo al hablar de la Vía, del sentido religioso más profundo, cualquier razonamiento es bueno para eludir la práctica. Y sin embargo la Vía de Budha no es otra cosa que practicar lo que no puede ser expresado con palabras.

Fragmento de la editorial de la revista zen nº5 (1993)

1 comentario:

Siddharta dijo...

Y sin embargo la Vía de Budha no es otra cosa que practicar lo que no puede ser expresado con palabras.

GASSHO.