martes, 9 de agosto de 2011

¿qué es lo que abandonamos?



"Seguir la respiración hasta volverse uno con ellas. Dejar pasar los pensamientos como nubes en el cielo. Empujar el cielo con la cabeza, la tierra con las rodillas. Aguantar. Relajarse. Olvidar. Desapegarse. Atención. Concentración. No moverse. Estirar. Paciencia. Perseverancia. Pensar desde el no pensamiento..."
...entre tanto, y paulatinamente, el pié, y luego la pierna entera, lenta pero inexorablemente se van acalambrando. Nos pica un preciso punto en la espalda. Una gota de sudor desde la cabeza desliza nuestra atención, que sin querer sigue su trayecto...hace calor. Me suenan las tripas. Hay mosquitos. Aún faltan veinte minutos. No se oye el Kusen...
Para quién comienza la vía en la práctica del Zen, con voluntad, algunas ideas recibidas, ilusión y la mejor de las intenciones, todas la indicaciones que guían la práctica se quiebran rápidamente, muy rápidamente, contra la realidad de su propio cuerpo. Zen es Zazén y Zazén es cuerpo. Cuando empezamos la práctica esto se vuelve una certeza, una experiencia vivencial. No hay manera de hacer Zazén pasando por alto el cuerpo, escamoteando el encuentro con lo que somos, hoy, aquí, ahora, expresado en y a través del cuerpo. Y en eso, el Soto Zen es implacable y categórico: la postura es y expresa nuestro estado, pero también la postura actualiza, es y expresa el Despertar.
Desde la más remota antigüedad los innumerables y venerables Patriarcas pasaron también por ahí, hasta el último día, educar cuerpo y espíritu. Educar al espíritu por el cuerpo. Educar cuerpo/mente.
"Abandonar cuerpo/mente. Cuerpo/mente abandonados" (Doguen).
Por ello, Zazén es más importante que la lectura de los más eruditos textos, más importante que el más sabio de los Maestros, más importante que las creencias y la voluntad más arraigada. Porque Zazén no es el dedo que señala la luna, es la luna; no es el reflejo de la luz de la luna en el agua, es la luz.
Zazén, la práctica de la vía con el cuerpo a través de la postura y la respiración tiene y contiene todo: la sabiduría consciente e inconsciente, el ayer, el Hoy y el mañana, aquí y ahora, el tiempo/espacio y el infinito, todas las certezas y todas la dudas, los opuestos, los contrarios, y al mismo tiempo su anulación. Y todo ello comprendido inconscientemente, naturalmente, automaticamente.
El dolor, el del pié que se duerme, el de la tensión en la espalda, el de la articulación de la cadera, o cualquier otro (real/imaginario) es una manifestación del "yo" (en su vacío, vivo) en nuestro cuerpo.
Es el ego que dice- a gritos-: "soy, existo,porque si así no fuese, esto no dolería como me duele."
Con ese (o con esos) dolores y molestias nos enfrentamos cada vez que nos sentamos en Zazén, hora tras hora, día tras día, aveces año tras año. Pero el dolor es la oportunidad de trabajar el ego sin necesidad de intelectualizar o de reflexionar o de comprender conscientemente. Comprendemos en/con la postura, en cada inspiración y en cada expiración, inconscientemente, naturalmente, automaticamente.
Esa como las olas en el océano: por ellas sabemos si el océano está agitado, violento, calmado.
Pero el océano sigue siendo océano. Sea cual sea su superficie, su naturaleza profunda y original no cambia, solo se manifiesta a través de la forma del oleaje.
El dolor, el de nuestro cuerpo en Zazén no es un fin en si mismo, no es una prueba, ni una etapa, ni un método de hacernos fuertes, ni está reservado solo a los novicios. El dolor, en Zazén, no es algo que buscamos ni evadimos, si nos preparamos para ello, ni lo hacemos conscientemente en extremo.
Si el cuerpo lo expresa, lo observamos. Lo expiramos/inspiramos. Lo dejamos pasar. En Zazén con nuestro cuerpo seguimos la Vía, día tras día, mes tras mes, año tras año: dejar pasar, dejar pasar, inspirar/expirar, inspirar/expirar, dejar pasar, inconscientemente, naturalmente, automáticamente.
Es como la faena del sembrador de arroz o de maíz. Arar, arar, arar. Limpiar, limpiar, limpiar. Sembrar, sembrar, sembrar. Cuidar, cuidar, cuidar. Recoger, recoger, recoger. Desgranar, desgranar, desgranar.
Llueve, truena, relampaguea. Llover, llover, llover. Sale el sol. Se seca la tierra. Arar, arar, arar. Limpiar, limpiar, limpiar.
Con el cuerpo, a través de Zazen, comprendemos lo que hasta entonces sólo eran palabras e ideas expresadas por quienes nos han precedido en la práctica: el dolor es una manifestación del ego, y cuando a través de zazen- inconscientemente, naturalmente, automaticamente, va emergiendo todo lo que es, nos abandonamos a la vía, al zazen.
¿Qué es lo que abandonamos?
Las resistencias, las metas, los métodos, la voluntad férrea, los trucos, los miedos, las certezas, las dudas, las ganas, las no-ganas, la necesidad y el remedia, los anhelos, la frustración, la alegría, lo uno y lo otro, lo de aquí y lo de allá..., el dolor y el no-dolor, lo que es observado y el observador. ¿qué queda? Quizás zazen expresado en el cuerpo o un cuerpo haciendo zazen. No tiene importancia. Ni ningún m´´erito. Hay que seguir haciendo zazen.
Durante muchos años, la sonrisa del Budha, expresada a través de esculturas, pinturas, reproducciones de diversas épocas y culturas, ha sido para mí un motivo de insaciable curiosidad.
La he perseguido, coleccionado, observado, imitado, anhelado, imaginado.
Como un Koan. Esa sonrisa está relacionada con mi tránsito en la vía.
Interpretaba la sonrisa según como me encontrase: sonrisa de dulzura, de compasión, de ironía, sonrisa del que "viene de vuelta", sonrisa del desapego, del nirvana, del sámsara, sonrisa naraka, sonrisa del bodhisatva, del arhat, sonrisa tántrica.
!que difícil es solamente ver la sonrisa sin más....! !que difícil es solamente ver el dolor sin más!

Revista Zen Texto de Sara Roby

3 comentarios:

Siddharta dijo...

Texte extraordinari!! Que be ho descriu! M'encanta. Crec que tothom que en algún moment s'ha interessat pel Zen l'hauria de llegir.

Siddharta dijo...

Ei, si! I això sobre el somriure de Buda ... ara que ho diu aquesta dona, és veritat, en el fons sempre m’ha cridat molt l’atenció/impressionat/intrigat, sobretot abans de "considerar-me" budista.

Però de un temps cap aquí, me’n he oblidat, ja no el veig. Com tampoc veig l’aire que respiro. Aquest somriure és, per a mi, tan natural com l’aire que respiro. Tant essencial i tan ignorat. Tota la vida respirant, i ha de venir algú i senyalar-te l’aire, per adonar-te’n.

Anónimo dijo...

Esclarecedor texto para los no iniciados y para otros que como yo, que practicamos a salto de mata en casa, intuimos que el zazen es nuestro camino pero no acabamos de entregarnos. Muchas gracias.