miércoles, 5 de octubre de 2011

de las meditaciones de marco aurelio...



El tiempo de la vida humana, un punto
su sustancia, fluyente
su sensación, turbia
la composición del conjunto del cuerpo, fácilmente corruptible
su alma, una peonza
su fortuna, algo difícil de conjeturar
su fama, indescifrable.


En pocas palabras:
todo lo que pertenece al cuerpo, un río
sueño y vapor, lo que es propio del alma
la vida, guerra y estancia en tierra extraña
la fama póstuma, olvido.


¿Qué, pues, puede darnos compañía?


Única y exclusivamente la filosofía.
Y ésta consiste en preservar el guía interior exento de ultrajes y de daño
dueño de placeres y penas
sin hacer nada al azar
sin valerse de la mentira ni de la hipocresía
al margen de lo que otro haga o deje de hacer
más aún, aceptando lo que acontece y se le asigna como procediendo de aquel lugar de donde él mismo ha venido.


Y sobre todo, aguardando la muerte con pensamiento favorable, en la convicción de que ésta no es otra cosa que disolución de elementos de que está compuesto cada ser vivo.


Y si para los mismos elementos nada temible hay en el hecho de que cada uno se transforme de continuo en otro, ¿por qué recelar de la transformación y disolución de todas las cosas? Pues esto es conforme a la naturaleza, y nada es malo si es conforme a la naturaleza.


No sólo esto debe tomarse en cuenta, que día a día se va gastando la vida y nos queda una parte menor de ella, sino que se debe reflexionar también que, si una persona prolonga su existencia, no está claro si su inteligencia será igualmente capaz en adelante para la comprensión de las cosas y de la teoría que tiende al conocimiento de las cosas divinas y humanas. Porque, en el caso de que dicha persona empiece a desvariar, la respiración, la nutrición, la imaginación, los instintos y todas las demás funciones semejantes no le faltarán; pero la facultad de disponer de sí mismo, de calibrar con exactitud el número de los deberes, de analizar las apariencias, de detenerse a reflexionar sobre si ya ha llegado el momento de abandonar esta vida y cuantas necesidades de características semejantes precisan un ejercicio exhaustivo de la razón, se extingue antes. Conviene, pues, apresurarse no sólo porque a cada instante estamos más cerca de la muerte, sino también porque cesa con anterioridad la comprensión de las cosas y la capacidad de acomodarnos a ellas.

1 comentario:

ESTRELLA FAVORABLE dijo...

Nada puedo añadir, es una entrada muy buena, según mi opinión. Gracias