lunes, 5 de marzo de 2012

miso agriado



El monje Dairyo, cocinero del monasterio de Bankei, considerando que debía cuidar la salud de su anciano maestro, resolvió no darle sino miso fresco, una especie de pasta hecha de semillas de soja mezcladas con trigo y levadura que frecuentemente fermenta.
Advirtiendo que le había servido mejor miso que a sus discípulos, Bankei preguntó:
¿Quién es hoy el cocinero?
Dairyo fue llevado a su presencia. Enterado de que, conforme a su edad y a su rango, se suponía que debía alimentarse solo de miso fresco, Bankei dijo al cocinero: "Entonces lo que piensas es que no debo comer nada de nada", tras lo cual se retiró a su cuarto y cerró con llave.
Dairyo permaneció sentado al otro lado de la puerta, pidiendo sin cesar perdón a su maestro.
Durante siete días persistieron ambos en esta situación, Dairyo fuera y Bankei dentro. Por último desesperado, un discípulo se dirigió a Bankei en voz alta: "puede usted tener razón, maestro, pero este pobre muchacho necesita comer. !No va a estar sin probar bocado toda la vida!"
Al oír esto Bankei abrió la puerta. Sonreía .Dijo entonces a Dairyo: "insisto en seguir comiendo lo mismo que el último de mis discípulos. No quiero que olvides esto cuando seas tú el maestro".

Del libro Huesos de Zen, Carne de Zen

2 comentarios:

gorka dijo...

Que bonita enseñanza!

Gracias Toni _/\_

Xaro La dijo...

Cierto que sí, bonita enseñanza.

Un beso