lunes, 9 de abril de 2012

la ranita que no sabía que estaba cocinándose



Imagínate una cacerola llena de agua fría en la cual nada tranquilamente una pequeña ranita.
Un pequeño fuego se enciende bajo la cacerola, y el agua se calienta lentamente.
El agua, despacio, despacio, se va poniendo tibia, y la ranita encuentra esto más bien agradable, y  continúa nadando.
La temperatura del agua sigue subiendo…
Ahora el agua está caliente, más de lo que la ranita pueda gozar; se siente un poco cansada; pero, no obstante eso, no se asusta.
Ahora el agua está verdaderamente caliente y la ranita comienza a encontrar esto desagradable, pero está muy debilitada; entonces, lo soporta y no hace nada.
La  temperatura continúa subiendo, hasta cuando la ranita termina, simplemente… cocinándose y muriendo.
Si la misma ranita hubiera estado metida directamente en el agua, a 50 grados, con un golpe de sus patas, inmediatamente habría saltado fuera de la cacerola.
Esto demuestra que, cuando un cambio viene de un modo suficientemente lento escapa a la conciencia, y no provoca en la mayor parte de los casos ninguna reacción, ninguna oposición,  ninguna revuelta…
Si miramos lo que sucede en nuestra sociedad, desde hace algunas décadas, podemos ver que estamos sufriendo una lenta deriva a la cual nos estamos habituando.
Una cantidad de cosas, que nos habrían hecho horrorizar 20, 30 ó 40 años atrás, han sido poco a poco banalizadas, y hoy apenas preocupan, o dejan directa y completamente indiferente a la mayor parte de las personas.
En nombre del progreso, de la ciencia, y del aprovechamiento, se efectúan continuos ataques a las libertades individuales, a la dignidad, a la integridad de la naturaleza, a la belleza y a la felicidad de vivir. Lentamente, pero inexorablemente, con la constante complicidad de las víctimas, inconscientes, o quizás incapaces de defenderse.
Las  negras previsiones para nuestro futuro, en vez de suscitar reacciones y medidas preventivas, no hacen más que preparar psicológicamente a la gente para aceptar las condiciones de vida  decadentes, y también dramáticas.
El  martilleo continuo de informaciones, por parte de los medios, satura los cerebros, que no están ya en condiciones de distinguir las cosas.
Cuando hablé de esto por primera vez, era pensando en el mañana…
¡¡¡Ahora es para HOY!!!
¡Conciencia o cocción, debemos elegir !
Entonces, si no estás como la ranita, ya medio cocinada, da un saludable golpe con tus patas, ¡antes de que sea demasiado tarde!
ESTAMOS MEDIO COCINADOS, ¿ O NO ?

Olivier Clerc


3 comentarios:

unsui dijo...

Cuánta razón tiene la historia de la ranita.
Nosotros seguimos ahí, no queriendo ver que estamos en una olla, cada vez más calentitos. Preferimos el dulce engaño a que nos someten los medios de manipulación masiva a tomar consciencia de la realidad, pensando que esto es pasajero...
Un abrazo
j

Jacint Peris Roig dijo...

Es uno de los problemas de la fisiología humana que también afecta a la CPU de la misma.
Los cambios bruscos provocan reacción, los cambios suaves atrapana al ser.
Ello ocurre con el dolor, el placer, la temperatura, la presión, etc.
Por tanto, ya que lo social es más arcaico (por primitivo) que lo individual, cabe esperar que si te recoratan de poco en poco, no te alarme tanto como un recorte brusco.
Ocurre con lo económico igual que ocurre con lo emotivo.
Muy bueno el ejemplo. A los caracoles les pasa lo mismo, por ello hay que cocinarlos a fuego lento para que les dé tiempo a salir pero no a entrar de nuevo.

gorka dijo...

Gran enseñanza a tener muy en cuenta!

Gracias!