sábado, 27 de octubre de 2012

Hakuin y el niño


El hombre de la Via no persigue lo que le place, no rechaza lo que  le place.
El hombre de la Via no rechaza lo que le disgusta, no persigue lo que le disgusta.
Tampoco se complace en la vacuidad.

Lo que la vida le presenta no lo acoge como una bendición, no lo acoge como una maldición ni se muestra insensible ante ello.

Los seres humanos no nos cansamos de vivir en el engaño, en el autoengaño. De tratar a la personas y a las cosas como posesiones que están ahí para llenar nuestro hueco existencial.
Cuando al fin poseemos lo tan largamente deseado, lo dejamos a un lado y ya no le hacemos caso.
Cuando perdemos lo deseado nos volvemos locos intentando recuperar lo que no hemos sabido conservar.

El Maestro Hakuin nos da un ejemplo de lo que es, ama absolutamente lo que tiene entre las manos, y cuando lo pierde sigue su camino sin rencores.

.
En el pueblo donde vivía el gran maestro zen Hakuin, una muchacha se quedó embarazada. Su padre le presionó para que declarara quién era su amante y, al final, para huir del castigo, ella dijo que era Hakuin. El padre no dijo nada más, pero cuando llegó el momento y el niño nació, se lo llevó inmediatamente a Hakuin y lo tiró al suelo ante él. —Parece que se trata de tu hijo —dijo, y se puso a insultarle por aquel asunto tan desgraciado.

—Ah, ¿es así? —respondió Hakuin. Tomó al retoño en sus brazos. A partir de entonces, donde quiera que iba llevaba al niño consigo, envuelto en la manga de su túnica. Durante los días lluviosos y las noches tormentosas salía a mendigar leche por las casas vecinas. Muchos de sus discípulos, considerándolo caído, le daba la espalda y se iban. Y Hakuin no decía palabra.

Entre tanto, la madre se dio cuenta de que no podía soportar la agonía de estar separada de su hijo. Confesó el nombre del verdadero padre y su propio padre corrió a postrarse a los pies de Hakuin, implorándole una y otra vez que le perdonara. Hakuin sólo dijo: —Ah, ¿es así? —y le devolvió al niño.


El tercer Patriarca Kanchi Sosan  lo expresa asi en el Shin Jin Mei


Penetrar la Vía no es fácil ni difícil.
basta con que no haya amor ni odio,
ni elección ni rechazo. 

Basta con que no haya ni amor ni odio
para que la comprensión aparezca, 
espontáneamente clara, 
como la luz del día en una caverna. 

Si en el espíritu se crea una particularidad,
por ínfima que sea,
el cielo y la tierra quedan separados
por una distancia ilimitada. 

Si realizamos el satori aquí y ahora,
las ideas de justo y falso
no penetran más en nuestro espíritu. 

La lucha entre lo justo y lo falso,
en nuestra conciencia, 
conduce a la enfermedad del espíritu. 

Si no penetramos en el origen de las cosas
nuestro espíritu se agotará en vano

2 comentarios:

Sergi dijo...

_/\_

Xaro La dijo...

Querido Toni y digo querido, por que lo eres en mi corazón, cuando me desvío por estos mundos del samsara, aunque sólo sea ligeramente, al visitar tu blog, automáticamente me mente regresa y toma fueza para seguir el camino.

Muchas gracias, bendita tu presencia

Un abrazo en el Dharma