viernes, 14 de diciembre de 2012

Pilar, mi pilar...



Cuando las cosas se ponen difíciles siempre pienso en ella para inspirarme.

Pilar llegó una tarde de invierno al Dojo, con su carrito de la compra, que usaba para apoyarse al andar y en el que llevaba una pequeña silla plegable para poder sentarse cuando no podía mas.

Llevaba la cabeza rapada no por estética ni como símbolo de su fe, sino porque el hecho de que su cabello fuera rozado o movido, le producía dolor.

También llevaba en la mano una pequeña botella de agua que tenia que ir bebiendo a sorbos porque sus glándulas salibares habían dejado de funcionar.

Dijo que quería practicar con nosotros y así lo hizo.

Al principio practicaba sentada en su silla, después empezó a usar una banqueta, siempre disciplinadamente, siempre mostrando un profundo agradecimiento a la práctica y al Dojo.

Venia cuando podía, o sea cuando no estaba en el hospital y su dolor físico se lo permitía.

Un día me dijo:
Gracias por enseñarme el kinhin, esta noche no he podido meterme en la cama porque el dolor era muy fuerte cuando me acostaba y cuando me cubría con la sábana, así que me he pasado toda la noche haciendo kinhin por la habitación y eso me ha ayudado mucho.

Otro día después de zazen me dijo absolutamente sorprendida que sus glándulas salibares habían vuelto a funcionar, para ella fue un alivio que le duró hasta el final de sus días.

Pilar tenía una conversación agradable y entusiasta, recuerdo con mucho cariño los paseos hablando de libros, de poesía y del Dharma.

Un día Pilar murió, sola en su casa, no recuerdo haber llorado más en toda mi vida.

En su entierro (laico) leí estas lineas como homenaje:

Ayer, con lágrimas en los ojos, levanté la cabeza hacia un cielo plagado de estrellas.
Recordé viejas lecciones de astronomía, dicen que muchas de las estrellas que vemos en la noche, hace millones de años que dejaron de existir.
Su luz es tan brillante que aunque ya no existan continúan siendo nuestro norte y nuestra guía.
Pilar era así, una estrella, su energía era la del sol, la del viento, la del agua, la del fuego, la de la tierra, y ella la entregaba generosamente y a manos llenas.
Esta era su naturaleza original, la misma que la de Budha.
Pilar ha muerto, su cuerpo regresa a la naturaleza.
Pensemos en ella cuando veamos un árbol, un arroyo, una montaña.
Pilar ha muerto, sus actos son semillas que darán frutos hasta la eternidad.
Pensemos en ella, en nuestra vida, en su enseñanza, seamos bondadosos, generosos, optimistas, alegres, vitales y afrontemos nuestro dolor con el mismo espíritu con el que ella lo afrontó.
El mismo espíritu que hace crecer la flor del loto en las aguas fangosas de los pantanos.

Ya nunca más caminaremos solos.

PILAR VILA   DAIOSHO.

5 comentarios:

Xaro La dijo...

Qué bella historia, de esta vida llena de sufrimiento, tuvo suerte aún al final de su vida en tropezar contigo.
El hermoso homenaje que leíste lo dice todo de un esa alma bella.

Gracias por tu bondad
Gracias, gracias

To Kai dijo...

Yo también me acuerdo de Pilar muy a menudo. He intentado escribir unas líneas de sobre ella, pero no puedo. Nada de lo que escriba hará suficiente justicia a lo que significó el ejemplo de esta mujer en un determinado momento de mi vida.

Gracias Pilar, gracias amiga.

Ane Elexpe dijo...

Habrá que añadirla a los daioshô. Y si no la añaden oficialmente, lo diré por lo bajito.

Antonio dijo...

Me añado a vuestro reconocimiento y a éste conocerla sin conocerla, "nada de lo humano nos es ajeno",
mañana le conmemoraremos en el dojo.
En gassho

Siddharta dijo...

Vaig tenir la fortuna de compartir el dojo i el zazen amb ella. Però Toni, les teves paraules em sugereixen que en aquell moment no n'era prou conscient.

Gassho.