domingo, 17 de marzo de 2013

algodon de azucar


Tenía cinco o seis años, habíamos ido a la feria con toda la familia.
Durante el paseo me compraron una nube de algodón de azúcar y justo después pedí subir en el gran tiovivo.
Como no podía subir con esa aparatosa nube de algodón le pedí a mi hermana mayor que la sujetara mientras durara el viaje, con la advertencia de que no aprovechara la ocasión para comérsela.
Así que subí a un fabuloso coche de bomberos y después de que sonara una sirena el tiovivo comenzó a dar vueltas.
A cada vuelta que daba, el algodón se iba haciendo más y más pequeño y ante la imposibilidad de bajar, yo estaba cada vez estaba más angustiado, la vuelta cada vez se me hacía más larga, ese viaje para mí duró una eternidad, bajé llorando, desconsolado, sin poder comprender que en realidad mi nube se encogía solo con el contacto con el aire.

Ese fue mi primer contacto con la impermanencia.

permitidme un pequeño verso.

la vida sigue dando vueltas
mi algodón de azúcar
se funde en otras manos.

Sho Gu




3 comentarios:

Ki dijo...


...mi algodón de azucar se funde en otras manos...
GRACIAS Toni!!!
Ki

Xaro La dijo...

Gracias Toni, me has hecho recordar tantas cosas...
Bendita infancia

Un abrazo

Anónimo dijo...

lo que demuestra que de absolutamente se puede extraer una lección de dharma. Sólo hay que estar receptivo y perceptivo. Preciosa historia y preciosos versos