domingo, 28 de julio de 2013

dejadme ser...




De vuelta a casa, estos días he gozado de un buen tiempo, de buena práctica, buena gente, buena comida, buéna rutina diaria, buén zazén.

Algo ha cambiado, ha caido alguna cortina, vuelvo a casa limpio, con energía, solo necesito seguir, seguir este hilo de Ariadna desplegado sobre mi laberíntico karma.

Pero hay algo con lo que no contaba, la mirada de los otros.
El budismo habla de karma, pero también habla de interdependencia.
Tomando en cuenta la interdependencia me doy cuenta de que este momento es complicado para mi.
Está mi entorno (personas, cosas), preparado para asumir mi cambio?
Están preparados para absorver este punto de desequilibrio que aporto con ese cambio?
Van a dejarme ser, o ofrecerán todo tipo de resistencias?

En cierta manera cuando yo cambio pongo en cuestión un monton de vidas, vidas de las que formo parte de una u otra manera.

La primera tentacion es recoger de nuevo mi máscara caida, soltar el hilo, revolcarse otra vez en la melancolía hasta perder la vision. Todo esto para la tranquilidad del mundo y sobre todo de la mía
Pero hoy, después de zazen me he instalado de nuevo en el pasmo, en la tranquilidad y en el no-miedo, y la verdad es que se está muy bién ahí liberado del peso de la mirada del mundo.

Sho Gu

3 comentarios:

Sergi Iglesias dijo...

_/\_

Anónimo dijo...

Tu equilibrio y felicidad no siempre son bien asumidos, repercuten favorablemente ni aportan felicidad a los que nos rodean

Siddharta dijo...

No hi ha rés del que fem que s'escapi de tenir un efecte sobre els demés. L'acció més insignificant pot tenir una gran repercusió. I el pés de la responsabilitat és infinit. I així el pes de la mirada del mon.

Però un cop més, zazen permet anar més enllà. Si no hi ha ego, rés del què fem importa, i la mirada del mon es torna ingràvida. Perquè, fem el què fem, és l'acció correcte.