sábado, 10 de agosto de 2013

tras mushotoku, llegar al pasmo



"Pués los hombres comenzaron a filosofar movidos por la admiración...
al principio admirados ante los fenómenos sorprendentes más comunes;
luego, avanzando poco a poco y planteándose problemas mayores, como los
cambios de luna y los relativos al sol y las estrellas, y la generación del
universo...
                     Pero el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia”


                                                             Metafísica, 982 b 12-13

Me apropio de una expresión muy filosófica que Toni usa con frecuencia para referirse a cierta actitud meditativa: El pasmo. En el ango se la oí decir con frecuencia, sobre todo, cuando la cabeza empezaba a "calentársenos":   "Situémonos en el pasmo".

Dialogando sonbre esta genial conceptualización,Toni insitía acertadamente sobre su consideración como admiración, observación atenta sobre las cosas...Y así iniciamos una reflexión que me condujo de nuevo a dos filósofos pasmados a los que admiro profundamente: Eduardo Nicol y María Zambrano.

Intentaré explicarme con toda la sencillez que pueda, sabiendo de antemano lo "tosco" que, en la mayoría de las ocasiones, resulta el lenguaje filosófico. Pués como ya advertía Nicol, “la filosofía, que nace de la sorpresa, moriría si no fuese ella misma sorprendente”....Y "es imposible que filosofemos como si cada día fuese el alba primera de la filosofía. Ahora hemos de filosofar como si cada día pudiera ser el último". Difícil tarea, pero hagamos algo de esfuerzo.

En sus obras, Nicol volvió con frecuencia sobre esta idea de admiración tematizada por la filosofía griega (thauma): un asombro o sorpresa que cuando tiene lugar, en palabras de Nicol, “nos invade” y estremece. Ahora bien, ese asombro se vincula a “una noción intelectual pura, es decir, sin carga emocional aparente".

( Formas de hablar sublimes: poesía y filosofía México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1990)

Hay que advertir que la admiración, en tanto que sorpresa, depende de lo que nos sorprende, pero también de nuestra actitud, de nuestra situación vital para ser sorprendidos, para ubicarnos ante las cosas y nuestro ser desde la pura admiración.

Esa admiración en este caso, tal como recuerda Nicol y rememorando la concepción de Goethe, va dirigida a esas“dos vocaciones vitales que miran hacia lo alto”, esto es la filosofía y la poesía.

También María Zambrano descubría en esa inicial admiración, a pesar de radicales diferencias y desencuentros, que la filosofía participa de un pasmo inicial ante las cosas y ante el mundo común al del poeta. Pero a diferencia de la filosofía, a la poesía no le interesaría esa empresa de estabilización y domesticación del pasmo, y se expone al enamoramiento trágico o pernicioso por todo lo real, de todas las cosas, aunque sean efímeras y pasen, como esa flauta hipnotizante identificada con Satán, “condenado a enamorarse de las cosas que pasan, y por eso llora”, tal como nos trae a imagen la cita de Louis Massignon en su estudio sobre el arte en el Islam, que encabeza la obra Filosofía y poesía de la célebre pensadora malagueña.

Ahora bien, hay que advertir que en Nicol no se subraya de modo tan explícito esa idea de la raíz común de la filosofía y la poesía en una admiración originaria.
Nicol sí admitirá en el poeta un asombro, un asombro casi paradójicamente inconsciente, que le lleva a un trato radicalmente libre y creativo con las cosas, o desenvolverse con ellas en total despreocupación y espontaneidad. Se puede decir que ese trato con las cosas es lo asombroso, y con ese asombro a su vez se explicaría el goce estético que la poseía proporciona: “Es asombrosa (y el asombro es parte del goce estético que ella depara) la desenvoltura y despreocupación con que [el poeta] maneja las cosas. Las cosas y las personas. La filo-sofía es preocupada...”.

En su obra Psicología de la creación artística, encontramos una interesante vinculación de partida de la psicología de la creación con la experiencia de la extrañeza, muy cercana a la idea de admiración. Allí define Nicol la extrañeza como aquella situación en la que “se produce siempre la transgresión de un límite”; la actitud creadora como una extrañeza activa, que a su vez implica una vinculación con el interior:
“Estoy en situación de extrañeza cuando soy yo quien expulsa de la entraña eso que pasa a ser extraño en mi [...]”.
Pues bien: este germinar en la entraña propia es la gestación artística, ese extrañamiento es la creación artística; esa vida propia en la extrañeza es la que tiene la obra artística fuera de su creador”.

Sin duda es de gran sugerencia esta visión de la creación entre el extrañamiento y la intimidad, algo muy cercano a un alumbramiento o un parto, como él mismo señala. En todo parto se da una fecundación externa previa, y en ese punto nos reencontraríamos con ese enamoramiento y asombro ante el mundo en todos sus matices del que habla Zambrano para entender la vocación poética.

Tanawa

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