viernes, 5 de septiembre de 2014

hua hu ching 80



El mundo está lleno de maestros iluminados a medias.
Extremadamente inteligentes, demasiado sensibles para vivir en el mundo real, se rodean a si mismos de placeres egoístas y otorgan sus grandiosas enseñanzas a los incautos.
Haciéndose conocer públicamente de manera prematura, con el propósito de alcanzar algún clímax espiritual, constantemente sacrifican la verdad y se desvían del Tao.
Lo que realmente ofrecen al mundo es su propia confusión.
El verdadero maestro* entiende que la iluminación no es el fin, sino el medio.
Tomando conciencia de que la virtud es su meta, acepta el largo y con frecuencia arduo cultivo que es necesario para alcanzarla.
No maquina para convertirse en líder, sino que en silencio sobrelleva cualquier responsabilidad que caiga sobre sí.
No apegado a sus realizaciones, ni atribuyéndose nada, guía al mundo entero orientando a las personas que le llegan.
Comparte su energía divina con sus alumnos, animándoles, poniéndoles pruebas para fortalecerles, regañándoles para despertarles, dirigiendo las corrientes de sus vidas hacia el océano infinito del Tao.

Si aspiras a esta clase de maestría, enraízate en el Tao.
Abandona tus hábitos y actitudes negativas.
Refuerza tu sinceridad.
Vive en el mundo real y extiende tu virtud por él sin excepción en la vida cotidiana.
Sé el más autentico padre o madre, el más auténtico hermano o hermana, el más auténtico amigo y el más auténtico discípulo.
Respeta humildemente y sirve a tu maestro, y dedica todo tu ser de manera inquebrantable a tu propia evolución.
Entonces, alcanzarás sin duda el dominio de ti y serás capaz de ayudar a los demás a hacer lo mismo.