lunes, 24 de mayo de 2010

SANTÔKA

Las montañas, el mar…

Tengo agotado el corazón

de tanta hermosura.


Taneda Santôka (1882-1940) fue el último monje errante de Japón. Dicho así suena bien. También podríamos decir que Santôka fue un alcohólico y un indigente que murió a los 58 años sin hogar. Dicho así suena diferente.


Yo no puedo renunciar al sake.

Vuelven a brotar

árboles y hierbas.


Hoy conocemos a Santôka por sus haikus. Haikus crudos, puros, rotundos. Ningún poeta ha conseguido emocionarme como él, y además, me ha mostrado algo. Santôka me ha enseñado que no hay diferencia entre lo mejor y lo peor. El más pulcro hacedor de haikus, el más certero, era un hombre atormentado y enfermo, que se pasó toda su vida sufriendo.


Profundamente emocionado

por seguir vivo

Es hora de remendar mis ropas.


Quizá enumerar sus desgracias sirva para hacer ese ejercicio que alguna vez he practicado. Se trata de imaginar cómo afectaría a mi vida tal cúmulo de sucesos. De niño, con once años, su madre se suicidó tirándose a un pozo, loca de celos por la afición a las mujeres de su marido. De muy joven se aficiona a la bebida, y no logrará nunca librarse de esa adición. En su época de estudiante sufre crisis nerviosas y conoce la pobreza. A su padre, entonces, no se le ocurre otra cosa que vender todas sus tierras y comprar una fábrica de sake que tendría que gestionar su hijo. No hace falta decir que, literalmente, se beben el negocio entre los dos. Mientras tanto se casa en un matrimonio concertado que no funciona. Más tarde su ex­-mujer será su único apoyo. Vive el terremoto de Kanto. Se suicida el hermano que le quedaba (el otro murió en la infancia) Llega ahora un momento crucial en la vida de Santôka. Desesperado se planta delante de un tren esperando ser arrollado, pero tiene tan mala suerte que los maquinistas logran pararlo y enfurecidos arrojan a nuestro amigo de las vías. Resulta que por allí pasa Gian Mochizuki Osho, responsable de un templo zen de los alrededores (ya es casualidad) y recoge aquella piltrafa humana, dándole cobijo de manera indefinida. A los 42 años se ordena monje y poco después empiezan sus andaduras que durarían hasta su muerte.


Precisamente en primavera,

esta sensación de vacío…

¡en el estómago que llevo a cuestas!


En casos tan extremos como este, la percepción del “aquí y ahora” se convierte en una necesidad imperiosa. Cualquier otro camino no es posible. Es una condición inexcusable para sobrevivir. No es una práctica saludable o una actividad con expectativas más o menos ocultas. Se trata del estado de conciencia del que ya no espera nada, del desprendido.


Estoy solo,

y un mosquito me está picando


Santôka fue despreciado en Japón durante años por prescindir de la métrica formal y por su vida fuera de toda regla. Era un personaje atípico, tangencial, de los que rompen las normas y que con ello refrescan estructuras a menudo oxidadas y rancias.

Podéis encontrar un par de libros editados en castellano.


Saborear el agua, ed. Hiperión

El monje desnudo, ed. Miraguano


Haikus de un monje con fiebre, de un poeta sin bolsillos, de un hombre tumbado en la hierba.


Libélula,

estoy en pelotas,

a ver dónde vas a posarte.


lunes, 17 de mayo de 2010

MONDO..........."CANE"











Pregunta:

Maestro, mi perra no hace más que comer todos los libros de Zen que caen a su alcance. ¿Alcanzará la Iluminación?


Respuesta:

Lo que hace tu perrita no es comer e ingerir cultura, (tragar erudición),

sino que mordisquea y degusta el conocimiento

sin incorporar a su "ser esencial" nada de lo trajinado.

De sobra sabe que la celulosa es indigesta y la tinta venenosa.

Parece que la muy ladina ha hecho unas cuantas sesshines...


Gracias Maestro



jueves, 6 de mayo de 2010

Sermón sobre el solitario feliz














Que nadie persiga el pasado
ni viva esperando el futuro;
porque el pasado ya no es
y el futuro aún está por ser.
Lo que hay que ver cabalmente
es lo que ahora surge a cada momento.
Sabido esto, perseverad invencibles e imperturbables.
Hoy hay que hacer el esfuerzo,
¿Quién sabe si mañana no llega la muerte?
Con el señor de la muerte y sus grandes huestes no se pacta,
pero al que así persevera
fervoroso día y noche,
a ése el sabio pacífico
le llama el solitario feliz.

Buddha Shakyamuni

martes, 4 de mayo de 2010

El hijo de Sakia





















La melodía de su vida es clásica.
Su espíritu es puro y su modo de andar
posee una nobleza natural.
Sus mejillas están hundidas.
Sus pómulos son fuertes.
Nadie le presta atención.

El hijo de Sakia es conocido por ser pobre.
Su apariencia es pobre
pero su espíritu no conoce la pobreza.
Es pobre, por eso está vestido de harapos.
Pero posee la Vía y en el fondo de su espíritu
guarda este tesoro inestimable.

Y este tesoro, aunque haga uso de él,
no se agota jamás.
Por eso puede hacer que todos
se beneficien de él en cada ocasión
sin límite
eternamente.

Shôdoka, el Canto del Despertar Inmediato
Yoka Daishi