Creedme si os digo que era un instrumento desafinado.
Me sorprendo de lo que estoy descubriendo:
quien habita dentro de mí.
Zazen me lo está haciendo saber.
"Sencillamente sentarse" extrae los aromas profundos de tu ser.
Soy un sencillo instrumento por donde la vida se asoma.
Mi voz se conjuga con el otro que escucha, que comparte.
Corazón abierto dispuesto a la plegaria.
Vida qué hermosa eres.
Tanawa

jueves, 20 de noviembre de 2014

simple


La plegaria que cacareas

Mi plegaria no es tu plegaria
mi plegaria es más sencilla, menos ambiciosa

Ten en cuenta que para mí
no es suficiente con decirla

yo tengo que vivir en ella.


Antonio Orihuela

del libro Todo está en otro lugar.

martes, 4 de noviembre de 2014

pensamientos idiotas (vida eterna)





mi amigo kiko quiere convertirme a su religión y me promete la vida eterna.....
a mi casi me da un pasmo,
 uf!!!....vida eterna para qué?
yo solo quiero vivir cuando es la vida
y morir cuando es la muerte.

si nos referimos a la eternidad como "todo el tiempo", ante la existencia del nacer (comenzar a existir en un momento/tiempo determinado), la vida eterna ya no es "todo el tiempo".

si hay un antes ya no es "todo el tiempo"
si hay un después ya no és "todo el tiempo"

sin antes ni después és "todo el tiempo"

el instante vivido és "todo el tiempo"

solo hay este instante, solo hay "todo el tiempo"
 

viernes, 24 de octubre de 2014

ASÍ LO DIJO TILOPA..



Relaja la mente,
y deja que surja la esencia.
Vacua, luminosa,
pura, fresca, ligera.
Corta el pensamiento presente,

deja ir al pensamiento pasado,
diluye el pensamiento futuro.
No Analices: cuando no haya fijación.
en el pensamiento, no te obsesiones
con la calidad de la meditacion: Samantabhadra.
No Medites: No visualices, no recites mantras,
no hagas nada artificial; simplemente NO TE DISTRAIGAS.
Permanece relajado en el ESTADO NATURAL de la Mente.
Siempre la misma canción, hasta que surge la Esencia.

lunes, 20 de octubre de 2014

viernes, 17 de octubre de 2014

a veces he dicho....



a veces he dicho, he oido decir:

Me ordené monje tal año....en tal sitio......

eso es imposible.....¿como puede uno  ordenarse a si mismo?......uno recibe la ordenación de Budha, a traves de un Maestro que media entre Budha y uno.

a veces he dicho, he oido decir, me he cosido mi Kesa....

eso es imposible.....el Kesa es transmisión del Dharma....¿como puede uno transmitirse el Dharma si mismo?......el Kesa lo cose la Shanga....el Kesa no es una propiedad, es el vestido de Budha que nos ha sido confiado, que nos ayuda y protege para que podamos seguir el camino del Bodhisatva.

a veces he dicho, he oido decir:

Hago Zazén.
eso es imposible....¿como puede uno  hacer Dharma, no podemos hacer lo que ha existido desde siempre, desde antes de la existencia del primer hombre.
Al igual que un niño ahueca sus manos en forma de cuenco para poder beber agua de una fuente, nosotros adoptamos la forma, la respiración y la actidud del espíritu con tal de poder ser el receptáculo de Zazén.

a veces he dicho, he oido decir:

yo practico solo

eso es imposible...¿como puede uno trascender el ego practicando para uno mismo?
aunque uno esté solo debe tener presente a la Shanga de todos los Budhas del pasado, del presente y del futuro.

aunque uno esté solo en una cueva debe tener consigo meditando a todo el Universo.

Toni Gyo Ko Hernández.

jueves, 16 de octubre de 2014

luz de nuevo perdida



Luz de nuevo perdida

Cuando te ilumines
sabrás que has estado iluminado
todo el tiempo
Jack Kerouac



Mi vida en las cuevas de El Tesoro y Tito Bustillo,
pintando la cacería mística del bisonte
o el viaje de las almas al inframundo.

Mi vida jugando con una muñeca en Dolni Vestonice.

Mi vida vertiendo leche y miel sobre un menhir,
ajustando un ortostato del pequeño dolmen familiar.

Mi vida entre los Mbuti del Kalahari,
en un chapono Bororo del Mato Grosso,
en una maloca Yanoama,
en una yurta azotada por el frío de la estepa en Mongolia.

Mi vida en Mesa Verde,
bajando a la kiwa donde ya suenan los tambores
y los silbatos hopis.

Mi vida en Madougou, levantando los pilares de madera de
La Casa de las Palabras.

Mi vida, mis manos sellando con barro un granero dogon,
pintando kanegas en los abrigos de Songo y Binu en Mali,
y La Paloma de Arroyo de San Serván en Badajoz, España.

Mi vida de maestro albañil, levantando ínsulas
en las ciudades de provincias.

Mi vida pegada al scriptorium,
viendo cómo sale Nuestro Señor Jesucristo sonriendo
de entre las piedras del claustro de San Juan de la Peña.

Y antes y después, de vuelta a mi ser antiguo,
junto a mi maestro cantero en Santa Lucía del Trampal
y Santa Cristina de Pola de Lena,
esculpiendo unos titiriteros en San Miguel de Lillo,
sentado en un prado, dando forma a un canecillo con un
viejo que saca la lengua
mientras otros compañeros preparan las crujías del techo
de Amandi,
pintando roleos rojos en Santullano
y filigranas y camellos en San Baudelio de Berlanga,
hablando de Platón y Aristóteles con el obispo de Villaviciosa
delante de los planos de San Salvador de Valdediós,
copiando en San Cebrián de Mazote todo lo que había
visto en Córdoba unos años antes,
retirándome a un eremitorio tras concluir Santiago de Peñalba.

Mi vida de 1936, enterrada bajo el peso del fascismo.

Mi vida de 1959, viendo asomar a los chinos por las crestas
del Khardum-La,
huyendo de Tíbet con unos pocos libros de sutras
salvados del fuego.

Mi vida, mi imagen en el ojo de un perro que me lame.

Mi vida como una bombilla en el techo, fundida, que a veces,
inexplicablemente, se enciende.


Mi vida, sí, nadie puede saber, lo sé,
pero esto son huellas, no sabiduría,
antiguos signos de los incendios del tiempo,
recobrados en este recordar de humo
donde me ha parecido, cada vez, también vivir.

Formas de la mansa y dorada espiral
que gira haciendo posible esos sitios,
olas en rondas de luz que hasta allí me llevaron,
formas de la luz que dentro es solo luz
dispuesta a ser contra lo oscuro,
a aparecer en la ola y a deshacerse en su centro.


Mi vida, tiempos distintos cansados de contenerme
unidos por el secreto pasaje de lo inmóvil.

Mi vida, certezas transitorias detenidas
donde una y otra vez perderse.

Mi vida, prisionera siempre entre lo que ni comienza ni cesa.

Mi vida, rama del oscuro fuego,
visión desprendida del resplandor de las sombras.

Mi vida, hilo enterrado con el que tropiezo, gruta,
laberinto, bosque, maraña, ruina.

Mi vida, brillo de brasas en la bruma,
azulado cristal del azar que vuelvo a buscar porque te recuerdo.

Ven sobre mí una vez más.

Nada que permanece, acaece.
Antonio Orihuela